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Coprofagia en cachorros - ¿Por qué y cómo evitarla?

Marina Prieto 10 de mayo de 2026
Mi cachorro se come su caca, con la lengua afuera y un poco de comida pegada.

Índice

Cuando veo que un cachorro se come su caca, no lo interpreto como una simple manía: primero compruebo si se trata de curiosidad normal, si hay hambre o si el cuerpo está avisando de algo más. En este artículo explico qué suele haber detrás de la coprofagia, qué señales me harían pensar en un problema de salud y qué cambios prácticos ayudan de verdad en casa. También repaso los errores que suelen empeorar el hábito, porque ahí es donde muchas familias se atascan.

Lo esencial para actuar sin perder tiempo

  • En cachorros, la coprofagia suele mezclar exploración, hábito y aprendizaje; no siempre es una enfermedad.
  • Si además hay diarrea, pérdida de peso, barriga hinchada o mucha voracidad, yo pediría revisión veterinaria.
  • La medida más útil en casa es simple: retirar las heces de inmediato y evitar que el cachorro las alcance.
  • El refuerzo positivo, la rutina y el enriquecimiento ambiental funcionan mejor que los castigos o los remedios caseros.
  • Cuando come heces de otros animales, el riesgo sanitario sube y la prevención tiene que ser más estricta.

Lo que hay detrás de este hábito

La coprofagia es el nombre técnico de comer heces, y en cachorros no siempre significa lo mismo que en un perro adulto. La VCA Animal Hospitals la describe como una conducta frecuente en muchos perros jóvenes que suele mejorar con buena nutrición, supervisión y una guía constante. Yo suelo mirarla como un comportamiento con varias capas: una parte de exploración, otra de aprendizaje y, a veces, una tercera de necesidad real.

Hay cachorros que prueban de todo con la boca. Otros lo hacen porque el entorno les resulta poco estimulante, porque están solos demasiado tiempo o porque han aprendido que, al acercarse a las heces, reciben atención inmediata. También influye la rutina: si el cachorro come con hambre, sale tarde al baño o vive en un espacio donde los restos quedan visibles, el hábito se vuelve mucho más fácil de repetir.

En algunos casos, además, hay un componente médico. Un perro con parásitos, mala digestión o una dieta que no le sienta bien puede buscar compensar algo que le falta. Por eso yo no me quedo solo con la parte “conductual”. Si el patrón se repite, hay que pensar en la causa, no únicamente en la conducta visible. Y esa distinción es la que marca el siguiente paso.

Cuándo es una fase normal y cuándo deja de serlo

No todo episodio de coprofagia merece la misma lectura. Un cachorro que lo hace una vez, en un momento de nervios o justo después de llegar a casa, puede estar simplemente explorando. Otra cosa es que el comportamiento se repita, se intensifique o aparezca junto a señales físicas que no encajan con una simple travesura.

Señal Lectura probable Qué haría yo
Lo hace una vez y luego no vuelve a hacerlo Exploración o curiosidad puntual Supervisión, limpieza rápida y observar sin dramatizar
Lo repite a diario Hábito reforzado, aburrimiento o hambre Revisar dieta, rutina y manejo del entorno
Come heces de otros perros o de gato Mayor riesgo sanitario y conducta de búsqueda Evitar acceso y ser más estricto en paseos y casa
Hay diarrea, vómitos o pérdida de peso Posible causa médica Veterinario cuanto antes
Tiene mucha hambre o parece insaciable Ración insuficiente, mala absorción o desajuste alimentario Revisar con el veterinario la dieta y el estado general

El Merck Veterinary Manual insiste en descartar primero causas médicas antes de asumir que todo es un simple problema de conducta. Yo estoy de acuerdo con ese enfoque: cuando el cuerpo está dando señales, corregir solo la parte educativa suele quedarse corto. Y una vez que eso está claro, ya sí tiene sentido pasar a lo práctico.

Un cachorro curioso investiga su caca. La imagen explica por qué los perros comen heces, incluyendo curiosidad, salud intestinal o necesidad nutricional, y estrés.

Qué hacer desde hoy para cortar el hábito

Si yo tuviera que reducir la coprofagia de un cachorro en casa, empezaría por estas medidas, en este orden:

  1. Recoge las heces en cuanto defeque. Cuanto menos tiempo estén disponibles, menos ocasiones tiene de convertirlas en un premio rápido.
  2. Supervisa justo después de evacuar. Muchos cachorros actúan en los segundos posteriores; ahí es cuando más conviene estar pendiente.
  3. Enséñale una orden de interrupción, como “deja” o “suelta”, y recompénsalo cuando se aparte de la caca o mire hacia ti.
  4. Refuerza el comportamiento correcto. Si sale al baño, se aleja de sus heces y vuelve contigo, paga esa conducta con comida o juego breve.
  5. Divide la comida si el veterinario lo aprueba. A muchos cachorros les va mejor repartir la ración en 3 o 4 tomas al día que dejarles una sola comida larga.
  6. Añade enriquecimiento ambiental. Juegos de olfato, alfombras olfativas, Kong o paseos tranquilos pero mentales reducen el aburrimiento, que es un disparador muy común.
  7. Usa correa o bozal de cesta de forma temporal si en el paseo ya ha convertido las heces en una obsesión. El bozal debe estar bien adaptado y nunca usarse como castigo.

En la práctica, lo que más cambia el resultado no es una sola técnica, sino la suma de pequeñas barreras: menos acceso, más supervisión y una recompensa clara cuando el cachorro elige otra cosa. Esa combinación suele funcionar mejor que buscar atajos.

Los errores que casi siempre empeoran la coprofagia

Hay errores que veo una y otra vez, y casi todos comparten el mismo problema: añaden estrés o refuerzan el comportamiento sin querer.

  • Reñirlo después. El cachorro no conecta siempre el castigo con la acción correcta, y puede acabar asociando el baño con tensión.
  • Convertirlo en persecución. Si cada vez que lo hace alguien sale corriendo detrás de él, a veces el juego accidental refuerza la conducta.
  • Probar remedios caseros sin criterio. Añadir pimienta, salsas o trucos alimentarios “milagro” no resuelve la raíz del problema y puede irritar el aparato digestivo.
  • Ignorar el contexto. Si el cachorro vive aburrido, solo o con demasiados periodos sin salida al baño, la coprofagia suele volver.
  • Dejar el arenero del gato al alcance. Las heces de gato son especialmente tentadoras para muchos perros y complican mucho el control.

Yo también evitaría exagerar el problema delante del perro. La calma no es pasividad: es una forma de no alimentar el bucle. Cuando el entorno deja de premiar el comportamiento y tú actúas con método, el cachorro empieza a tener menos motivos para repetirlo. Y si aun así insiste, toca mirar la salud con más atención.

Riesgos para la salud y señales de alarma

Comer sus propias heces no siempre provoca un problema grave, pero comer heces de otros animales sí aumenta el riesgo de parásitos, bacterias y, en algunos casos, toxinas. Si el cachorro ingiere deposiciones de gato, de otros perros o de animales silvestres, yo sería más prudente porque el nivel de exposición cambia bastante.

Las señales que me harían pedir cita sin esperar demasiado son claras: diarrea, vómitos, apatía, abdomen doloroso, pérdida de peso, un apetito exagerado, barriga hinchada o un cambio repentino en la frecuencia con la que come heces. También me fijaría en si la desparasitación está al día y en si el cachorro ha salido a zonas donde puede haber excrementos de otros animales.

En estos casos, el veterinario puede valorar un examen físico, un análisis de heces y, si hace falta, revisar la dieta o pedir pruebas adicionales. Para mí, esa revisión no es exagerada: es la forma de separar una conducta que se puede educar de un cuerpo que quizá está pidiendo ayuda. Cuando eso queda descartado, el trabajo pasa a ser más de manejo y prevención que de alarma.

Cómo prevenir recaídas cuando ya empieza a mejorar

La mejor prevención no es una sola norma, sino una rutina estable. Yo me fijaría en cuatro pilares: alimentación adecuada, salidas previsibles, ejercicio mental y limpieza rápida. Cuando el cachorro sabe cuándo come, cuándo sale y qué gana por portarse bien, la necesidad de buscar heces baja bastante.

  • Rutina estable. Comer y salir a horas parecidas reduce ansiedad y búsqueda impulsiva.
  • Más olfato, menos caos. Los juegos de búsqueda y los paseos tranquilos cansan de una forma útil.
  • Espacios limpios. Jardín, terraza, empapadores y zonas de descanso deben revisarse a diario.
  • Señales claras. Una orden como “deja” sirve mucho más que repetir mil veces el mismo “no”.
  • Seguimiento realista. Si vuelve a hacerlo con frecuencia, yo no asumiría que “ya se le pasará solo”.

Si además convive con más animales, la prevención tiene que ser doble: limpiar lo antes posible y no dejar heces accesibles ni dentro ni fuera de casa. Ese detalle marca más diferencia de la que parece, sobre todo en los primeros meses, cuando todo se aprende rápido.

Lo que yo revisaría antes de darlo por resuelto

Antes de cerrar el caso, yo comprobaría tres cosas: que el cachorro esté creciendo bien, que la desparasitación esté al día y que el comportamiento haya bajado de forma real, no solo durante un par de días. Si esas tres piezas encajan, normalmente estamos ante un hábito que se puede controlar con constancia y sin dramatizar.

Si no encajan, no lo dejaría pasar. La coprofagia puede ser un simple problema de costumbre, sí, pero también puede ser la primera pista de que algo en la dieta, el entorno o la salud no va fino. Cuando se atiende pronto, suele corregirse mejor y con menos esfuerzo.

Preguntas frecuentes

En cachorros, la coprofagia puede ser parte de la exploración o el aprendizaje. No siempre es un problema de salud, pero si se repite o hay otros síntomas, es crucial revisar la causa subyacente.

Preocúpate si hay diarrea, vómitos, pérdida de peso, barriga hinchada, apetito insaciable o si come heces de otros animales. En estos casos, consulta al veterinario de inmediato.

Recoge las heces de inmediato, supervisa al cachorro después de defecar, enséñale la orden "deja" y refuerza el comportamiento correcto con premios. El enriquecimiento ambiental también ayuda.

Evita regañar al cachorro después de que coma heces, perseguirlo o usar remedios caseros sin criterio. Estos errores pueden empeorar el hábito o generar estrés.

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Autor Marina Prieto
Marina Prieto
Nací y crecí rodeada de animales, lo que despertó mi pasión por el bienestar de nuestras mascotas desde muy joven. Me llamo Marina Prieto y desde hace 5 años me dedico a profundizar en el bienestar integral de perros y otras mascotas. A lo largo de este tiempo, he aprendido que la salud física y emocional de nuestros compañeros peludos es fundamental para su felicidad y la nuestra. En mis artículos, me esfuerzo por ofrecer información útil y accesible que ayude a los dueños a entender mejor las necesidades de sus mascotas. Me interesa especialmente el impacto que una buena alimentación y un entorno adecuado pueden tener en su comportamiento y bienestar general. Quiero que mis lectores se sientan empoderados para tomar decisiones informadas que mejoren la calidad de vida de sus animales, porque creo firmemente que una mascota feliz es un hogar feliz.

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